jueves, 23 de abril de 2009

No se aman los cuerpos, sino las almas.


No se aman los cuerpos, sino las almas. Los cuerpos se desean porque tu alma y la mía viven distintas, contemplándose una a otra en la mirada de cada día, lentas las horas que gotean como miel de los recuerdos empapando el corazón. Las almas se adivinan juntas en el mismo latido, se imaginan fundidas, desechas y vueltas a nacer en nuevo aliento que a los dos pertenece; se quisieran una eterna que jamás pueda dividirse… pero tu alma me observa y mi alma se sobrecoge ante tu alma y las dos se saben cerca, sedientas, deslumbradas. Solas.

Los cuerpos se anhelan, se desbordan uno contra el otro porque acechamos sin reposo este inmenso, único simulacro de la disolución que nunca va a ser. Deseo tu cuerpo, a ti todo, porque no puedo dejar de ser yo y desaparecer en el río de tu alma, fluyendo eterna hacia la completa extinción, que es el amor. No des una sola palabra a la incertidumbre cuando mi cuerpo te desee, porque es la única forma en que mi alma se postra ante tu alma, temblorosa por un soplo de ti que nunca voy a alcanzar. No dejes que el sueño de los cuerpos deseándose nos despierte de la verdad de nuestras almas amándose. A fin de cuentas, tú y yo nos hemos enseñado a amar.

1 comentario:

Yaiza dijo...

Un texto muy bonito Luisa.
Me paso de vez en cuando a leerte, y me leo tambien lo que se me pasó.
Me gusta tu blog.

Un besito.